Las horas perdidas | Ricardo García Mainou

24 – OnceTV: El mal olor y la estupidez

Vivimos en un país sospechosista donde debajo de cada piedra se cuece una conspiración de la que vale recelar. Miramos con desconfianza hasta las buenas noticias. Y no porque la burra no haya nacido arisca, sino porque está en nuestra naturaleza, probablemente desde que llegaron, de allende el océano, unos señores con cuentas brillantes y estuvimos dispuestos a vender a la hija más bella ante la vista de tales maravillas.

El más reciente ejemplo es el ahora bienamado Canal 11. Nada más se da la noticia que el hasta ahora ignorado canal del politécnico (y lo digo sin ánimo de herir susceptibilidades) empieza a digitalizar su señal y ampliará su cobertura gracias a repetidoras proporcionadas por la secretaría de gobernación, y antes de aplaudir por la oportunidad de una televisora pública que lleve algo más que telenovelas, futbol y programas de variedades, muchos ven el negro en el arroz.

La cobertura se logrará a través de algo que se llama el OPMA (organismo promotor de medios audiovisuales), que básicamente subcontrata 25 frecuencias en ciudades donde el 11 no llegaba (mas que a través de Sky) y comienza a transmitirlo ahí.

La comisión de radio y TV de la cámara de diputados, que ha probado ser estupenda legislando leyes en su materia, levanta el grito al cielo y exige una investigación. Supuestamente detrás de esta ampliación de señal hay un complot del gobierno para publicitar al PAN durante la próxima campaña electoral del 2012. Mejor aún: se pretende censurar la voz del pueblo mexicano a través de la Segob.

Es el momento perfecto para hacer una pausa y dejarnos ganar por la risa loca.

Evidentemente no hay un diputado en la citada comisión que haya sintonizado alguna vez Canal 11. Nuestros legisladores, y hay que decirlo, un puñado demasiado grande de intelectuales de pacotilla del llamado círculo rojo (si les queda el saco), siguen pensando que los medios de comunicación son una todopoderosa industria con un poder de lavar cerebros y voluntades (demasiados capítulos de Pinky y Cerebro).

Poco importa si las más serias investigaciones en medios de comunicación han probado justamente lo contrario. Los medios no son capaces de lavar mentes. Entre sus posibilidades sólo existe, crear la agenda de discusión, reforzar el pensamiento de convertidos (a favor o en contra) y afanarse inútilmente en persuadir a los indecisos.

Y aunque así fuera (hora de frotarse las manos y soltar una carcajada de supervillano), primero, los malvados políticos tendrían que lograr que la gente viera el canal. Y fuera de comprar los derechos de transmisión de la FEMEXFUT, conseguir eso en menos de dos años está más que complicado.

La censura tampoco es asunto de preocupación (seria) para el canal.

Vamos, lo más provocador que hasta ahora hace el Once es un aburrido y veterano programa de debate político que durante años se ha transmitido los lunes. Se trata de Primer plano, donde un grupo de intelectuales vestidos de negro, corroboran su propia inteligencia para criticar al gobierno y analizar las noticias diarias, mientras sus colegas los contemplan con cara de circunstancias y ganas de interrumpir para probar su elocuencia.

El resto de la programación del Once está conformada por insipidísimos noticieros (que hacen parecer a Lolita Ayala como Fox News). Programas de análisis bienintencionados pero sosos (Espiral). Repetición de seriales británicos y españoles. Cine francés y europeo. Caricaturas descoloridas. Programas de divulgación científica, cocina, discusión sexual y cultural y perfiles de cantantes folclóricos (El tímpano fue dedicado el domingo pasado a Paquita la del Barrio).

Su carta más fuerte son las brillantes series de televisión mexicanas (Bienes raíces, Soy tu fan), pero esas no van a convencer a nadie a votar por el PAN (o ningún otro partido, para el caso).

Detrás de la creencia boba en esas conspiraciones, están políticos que subestiman enormemente la inteligencia del pueblo mexicano (el león cree que todos son…), y buscan distraer la atención y perder tiempo para no discutir los temas verdaderamente importantes para México.

Enhorabuena para Canal 11, aunque su contrato con OPMA sea provisional, felicidades. Es tiempo de seguir modernizando el canal, mejorando la producción propia y ofreciendo una alternativa inteligente a los cientos de canales disponibles para el televidente hoy en día (como ha hecho Canal 22 desde que lo dirige Jorge Volpi). Lo demás, la verdad, son tonterías.

Para El Economista / Arte, ideas y gente del miércoles 21 de julio del 2010

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23 – Oh-o, África

Se terminó el Mundial, y algunos de nosotros sufriremos síndrome de abstinencia. Curarlo no será fácil. La pretemporada del futbol mexicano, con perdón para nuestros jugadores, federación y televisoras, será una pobre alternativa para el pasado mes en que Sudáfrica estuvo en nuestras mentes día y noche.

Las últimas semanas, mis horas perdidas se escapaban entre los noventa minutos del partido en turno, las ceremonias de los himnos, la compensación, los resúmenes, programas de análisis, etc. Sólo un breve paréntesis para las elecciones, de las cuales fue imposible sacar sino una reflexión de índole futbolera (ver columna de la semana pasada).

Para zanjar el asunto, venga la última conclusión a propósito de la más estupenda copa del mundo de los últimos años. En palabras de nuestra elocuente prensa deportiva: un mundial histórico.

¿Quién diablos eres?

La identidad personal viene a cuento, cuando la perdemos. Nuestros amigos no nos reconocen, evitamos la propia mirada en el espejo por miedo a descubrir a alguien más detrás del rostro de un extraño. Incómodos en nuestra piel, vivimos esta suerte de esquizofrenia temporal, dejando que alguien más (que al final somos nosotros mismos, claro, pero engañarse para ser otro a veces basta) lleve la batuta.

Algo así le pasó a Brasil frente a Holanda, a Alemania frente a España, y a la propia Holanda en la final. Los brasileños dejaron su juego alegre de lado y se dedicaron a reclamar al árbitro, hacer muecas de divos mimados, patear al rival y perder la cabeza. El resultado lo conocemos todos.

Cuando la arrolladora potencia alemana se enfrenta a España (viene de golear a Inglaterra y Argentina), lo que sale a la cancha, no es un halcón, sino un tímido pollito. Echado atrás, buscando contragolpear sin llevar la ventaja, lo cuál en principio es una estrategia cuestionable. Más aún si se realiza frente a un equipo egoísta como ninguno con el balón. Estrategia desastre.

En la final, Holanda sufre una combinación de ambos. En algún momento entre que el infalible pulpo Paul (chiste rápido de twitter: “primo de ostradamus”) y los medios, dieron a España como favorito, en las mentes de los naranjas se fue consolidando una idea que sobrevive en nuestros cerebros de lagartija desde las épocas del sitio de Esparta: el único remedio es combatir a muerte. Sumemos que Nigel De Jong recibió un cheque de un estudio en Hollywood para promocionar el relanzamiento del Karate Kid…

Rumor o no: se manejó que la mujer del árbitro inglés, presuntamente declaró a la confiable prensa británica, que su marido era incapaz de controlar ni a sus hijos pequeños. Cuando el marido, furioso, regrese a casa, podemos adivinar el resultado: lo que en algunos hogares implicaría divorcio, en el suyo es una tarjeta amarilla más.

Todos tenemos nuestro coco. Ese temor profundo que seguirá asomando, no obstante los sorteos, los puntajes, o eso que mal llamamos suerte. Sin no somos capaces de superarlo, seguiremos atascados en una pesadilla revolvente, donde la historia se repite, inevitable.

En el futbol es igual. México lo tiene con Argentina, Alemania, los árbitros y los penales. Estados Unidos, también. Perdió con Ghana por segundo mundial consecutivo, por el mismo marcador y en la misma instancia. Nadie se salva. Los gigantes teutones tiemblan frente a la furia española. Para Holanda es la final (en otro deporte, pensemos en los Bills de Buffalo). Para los países africanos son los penales en cuartos de final. Para Brasil, su intolerancia a la frustración.

Al final, casi todas las selecciones del mundo deberían ponerse a temblar cuando uno de sus elementos, jugador o cuerpo técnico, declara que con lo hecho han cumplido y que ahora aspiran más. Nunca se supera ese ya cumplimos, y aspirar no invoca triunfo. Pregúntenle a Uruguay.

La insatisfacción puede ser la clave, pero también la identidad. España no olvidó, ni en su derrota frente a Suiza, ni en el momento más álgido de ese partido entre rudos y técnicos que fue la final, que lo suyo es no prestar el balón, tocar en triángulos, y agobiar al rival más pintado. Por eso los demás equipos le temían a España.

¿Qué hubiera pasado si Brasil, Holanda y Alemania hubieran mantenido su identidad? Quizá hubiera triunfado España de todas maneras, pero el espectáculo, la memoria (y su dignidad profesional) hubieran sido muy distintos.

Para El Economista / Arte, ideas y gente el miércoles 14 de julio del 2010

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22 – Mundialistas III

En el papel o en la cancha

Algunos partidos suenan mejores en el papel que lo que resultan ser en la realidad: pensemos en el Brasil – Portugal que terminó en cero-cero sin mayor pena, mientras que Australia – Serbia, que antes del mundial sólo despertaba el interés de las madres de los jugadores, resultó un partidazo.

En el papel, Nueva Zelanda era el seleccionado más débil. En la cancha, se fueron invictos y contribuyeron a la debacle del campeón del mundo que apenas les robó el empate.

En el papel, Argentina era, jugador por jugador, superior a su contraparte alemana. En la cancha, los rioplatenses se encontraron un marcador a la altura del Ego de su técnico.

Hasta antes de la copa del mundo, los “expertos” comentaristas, casi salivaban con las jugadas de fantasía y los goles que meterían Cristiano Ronaldo, Messi, Rooney o el mismo Kaká. Arrojaban “el mejor del mundo” como moneda de uso. En la cancha: el divo portugués se exhibió como el sobrado egoísta que siempre ha sido. Messi como Samuel Etó se perdió en la libertad de querer hacerlo todo. Rooney y Kaká, simplemente no estuvieron a la altura (física o mental) que requería su equipo.

Si FIFA se guiara por la política electoral mexicana…

Al final de los partidos, sin importar el marcador, los dos entrenadores se declaran ganadores. Los árbitros son impugnados, así como las cámaras televisivas por retratar poco favorablemente los entrenamientos.

El debate sobre quién ganó, dura semanas, hasta que el Tribunal Futbolístico de la Federación revisa los videos y declara un ganador. Entonces se asigna el puntaje y el presupuesto de los equipos.

Los mundiales duran seis meses, mientras en la Asamblea Técnica no se llega a ningún acuerdo.

Nuestra selección tiene la oportunidad del ansiado quinto partido, calificando como equipo plurinominal.

Haz fama y échate a dormir

¿En qué se parecen Brasil y el perro Bermúdez? En que ambos viven de la fama de antaño. Brasil del prestigio alegre y técnico de su penta-campeonato, Bermúdez, de sus frases pegajosas que lo llevaron al hit parade de los videojuegos FIFA.

Hoy, el Brasil defensivo es dominado técnica y filosóficamente por Holanda, mientras Bermúdez nos regala una narración donde ya ni siquiera intenta prepararse o poner atención en lo que ve y dice.

No sólo los juicios de palco, sin ver las repeticiones: sí fue penal, esa fue de roja; y los innumerables saludos a las porras universitarias y a la colonia [ponga la nacionalidad del equipo en turno].

El partido es España – Paraguay. Cuando David Villa, el flamante centro delantero del Barcelona, mete de carambola el dramático gol que pone adelante a su equipo, Bermúdez se congratula: “Villa ya puede ir aspirando a muy buenos contratos…si se consolida como goleador, imagínate las ofertas, mi sheriff”.

Charla con el “Sheriff” Quirarte, un gran jugador y un tipazo, pero capaz de decir linduras como “Un ida y vuelta para los dos lados” o de confundir la instancia que narra: “Nunca habían llegado a octavos de final, imagínate que si ahora pudieran pasar a cuartos de final… sería todavía más histórico”.

Lo mejor está donde menos lo esperas

Para los analistas fue irresponsable; pero esos últimos segundos de Uruguay – Ghana, y el penalti que cobró el Loco Abreu con un picadito al centro; son lo más emotivo que nos ha regalado Sudáfrica.

Un cierre donde el dramatismo de la realidad supera lo que pudiera haber imaginado el más delirante guionista de Hollywood. Entre las manos salvadoras de Suárez, la falla de Asamoa Gyan, y los brazos extendidos de un exhilarante Abreu, se perfiló uno de los momentos imborrables del campeonato.

En medio de los sufridos minutos dedicados a La jugada del mundial, hay que reconocer que Montserrat Olivier rescató reportajes extraordinarios. Pensemos en esa visita al poblado del Sudán donde el alimento es camello crudo. O la espectacular cacería de una rinoceronte virgen para comprobar por qué permanece intacta, en medio del calor africano. El veredicto, como el chiste: sí era.

En cualquier caso, nunca a la altura de Karla Iberia Sánchez que merece otro Premio Nacional de Periodismo por su mirada descarnada a la Sudáfrica real. Ya sea al espíritu de Chava Flores en las peseras de Johannesburgo, la moda dental local, o al siniestro ritual de madurez que implica la circuncisión comunitaria.

Para El Economista / Arte, ideas y gente el miércoles 7 de julio del 2010

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Naturaleza Muerta (y larga)

El asedio, la más reciente novela de Arturo Pérez–Reverte (Alfaguara, $289) es sin duda una novela de largo aliento (727 páginas) que transcurre en el marco de un suceso histórico. El sitio que sostuvo el ejército napoleónico a la ciudad de Cádiz, en 1811, mientras las colonias españolas en América peleaban por su independencia. Una premisa seductora.

La geografía de Cádiz, ubicada en una península casi inexpugnable, convertía su asedio en una situación de lo más extraña: la ciudad recibía por mar todo tipo de pertrechos, mientras el ejército invasor apenas los contemplaba, intentando sin fortuna, resultar amenazante, lanzando proyectiles que rara vez llegaban a su destino, desde el otro lado de la bahía.

La novela parte con una situación de corte policíaco: el asesinato cruel de mujeres jóvenes, investigado por el comisario Tizón, policía o inquisidor de la ciudad amurallada. Tizón juega ajedrez con un profesor en uno de los cafés de la ciudad, tema que sirve de pretexto a Pérez Reverte para hacer referencias al ajedrez como parte del misterio, tal y como afortunadamente hiciera en La tabla de Flandes, una de sus novelas más exitosas.

Sin embargo, hay que distinguir lo que en el otro libro es el centro de la trama, con lo que en éste es meramente decorativo, sirva como advertencia al lector que pudiera irse con la finta frente a la publicidad que acompaña el libro.

La novela sigue también a otros personajes (de hecho los sigue más y con mayor interés), a Lolita Palma, joven pero solterona heredera de la casa del mismo nombre, quien administra con visión y mano firme una de las empresas familiares más poderosas de la ciudad.

A Gregorio Fumagal, siniestro taxidermista (¿no son todos taxidermistas un poco siniestros?) que espía para los franceses, mientras compra químicos y cadáveres de animales en el mercado negro.

A Pepe Lobo, un capitán de barco contratado como corsario de patente por Lolita y otro socio para asaltar naves en los alrededores de la ciudad (negocio que era legal y sancionado en esos tiempos).

Y a otros más: Desfosseux, capitán francés obsesionado con ser capaz de diseñar la parábola perfecta para bombardear la ciudad. Y Mojarra, un pescador que hace de guía a un dibujante que apura bocetos de las posiciones francesas.

Cada uno de estos personajes va alternando intervenciones en la trama mediante una serie de viñetas relatadas con prosa impecable de rigor lingüístico e histórico. Pérez-Reverte consigue esto, valiéndose de  localismos, anacronismos y del lenguaje técnico marítimo en pleno (recordemos La carta esférica); uno de sus temas favoritos.

El realismo de estas escenas provoca emociones encontradas. Vamos desentrañando sus descripciones como si se tratara de un fresco de época: maravillados por su precisión. La ciudad, sus aromas y colorido se despegan de la página. Y al mismo tiempo, desconcertados por su estatismo: pasan las páginas y da la sensación de que nada importante sucede, como si siguiéramos la novela en una suerte de museo literario.

El pretexto policíaco se abandona por cientos de páginas, mientras Lolita Palma asiste a una reunión social, Pepe Lobo y su tripulación abordan un bote, Fumagal compra un mono, y Desfosseux alega las ventajas de uno u otro calibre de obús.

¿Qué nos impulsa a seguir leyendo? ¿La posibilidad de un romance entre Palma y su capitán? ¿La solución del crimen? ¿El resultado del propio asedio a la ciudad? En realidad no mucho, y sólo el lector más disciplinado y el devoto de la novela histórica saldrán airosos. Para los demás, como un servidor (abandoné cerca de la página 300), soplará el viento de levante hasta otras latitudes.

Para El Economista / Arte, ideas y gente el martes 29 de junio del 2010

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21 – Mundialistas II

Este mundial sudafricano ha estado, sin duda, lleno de lecciones para los espectadores que lo seguimos en televisión. Vengan a cuento algunas:

1. Si desentona, sácalo. Javier Aguirre nos demuestra en el juego contra Uruguay que un jugador que prueba ser creativo, tener movilidad, desequilibrio, disparo a gol (el único del juego), y velocidad; se sale de su planteamiento táctico. Es la única manera de explicar la salida de Andrés Guardado (fuera de un accidente en el vestidor o una diarrea intempestiva).

2. La mala suerte existe. Alemania puede perder partidos (nadie es perfecto), pero perder uno donde tu goleador estrella es expulsado y tu segundo estrella es incapaz de meter un gol ni de penalti, sin duda requiere que los hados estén en tu contra o alguna otras cosa (ver punto 5).

3. Gerard Piqué necesita una limpia. Durante el accidentado gol suizo que derrota a España, el defensa español (titular del Barcelona), recibe un rozón del zapato del delantero de los “banqueros” y sangra profusamente de la sien. Un partido después, Piqué recibe un balonazo en el mero centro de su hombría (“no les voy a decir dónde, sólo que ahí duele mucho” en palabras del mejor cronista de Televisa: Paco Villa). Minutos después, en una jugada atropellada recibe con la boca el pie de otro contrincante y sangra como extra en película de Darío Argento. El utilero español le aplica nitrógeno líquido o algo así directamente en la boca (ouch). ¿Qué le deparará el encuentro frente a Chile?

4. El mundial africano sin africanos. En un giro dramático que dejará imposibilitado de sonreír a Joseph Blatter (por un rato), las seis selecciones africanas (incluyendo a los anfitriones sudafricanos) se perfilan para quedar eliminadas en la primera ronda. ¿Exceso de confianza o apatía futbolística? De esta terrible situación se desprenden varias lecciones:

(a) No contratar a Sven Goran Ericksson – La ex–favorita selección de Costa de Marfil descubre un poco tarde que al sueco se le complica plantear buen futbol. El remedio ante la carencia táctica, un nuevo deporte nacional: patear brasileños.

(b) El que el cronista en turno de Televisa Deportes diga que “tienen un físico impresionante” no quiere decir que dentro de la cancha tengan la condición para jugar futbol. La selección nigeriana exhibió jugadores lentos, pasados de peso, que se acalambraban al final del primer tiempo. Nuevo deporte nacional: patear el aire.

(c) En ghanés, Ghana no significa “gana”. Poco importa que en México suene un nombre triunfador. Este país que antes se llamaba la “Costa de Oro”, está convencido que amontonar gente en el área es una estrategia defensiva, por lo menos cuando no se practica el deporte local (ver A), patear australianos.

(d) Hace falta más que un nombre simpático para ganar partidos. Los bafana bafana lo descubrieron al toparse con Uruguay. Tienen el honor de ser uno de los pocos rivales en la historia que consiguen exprimir de la escuadra charrúa más de un gol (México se lo propuso y no lo consiguió).

(e) Samuel Etó no es Dios. Contrariamente a lo que alguien le habrá dicho al delantero camerunés, en la cancha juegan once. En un partido donde sólo le faltó llevar suéter de portero, el ex–centro delantero del Barcelona decidió hacer todo, menos pisar el área.

5. La brujería existe. Algunos podrán echarle la culpa al balón. Otros a las canchas, que supuestamente tienen una tierra compactada donde las pelotas botan más de lo normal. Faltará el que diga que tanto color en la tribuna distrae, que las vuvuzelas son peores que las matracas mexicanas, o que los cielos australes desconciertan algún reducto primario en los cerebros de los porteros; pero siguiendo la tónica estereotipada con que Primero el Mundial define África, tenemos que acusar a algún médico brujo con talento pero mala puntería (un mal de todos los africanos), que ha afectado aleatoriamente a porteros, árbitros y hasta el Guille Franco, para provocar uno de los mundiales más torpes de la historia.

6. Corea del Norte no es tan peligroso. Sabemos que el Pentágono los tiene en la lista de los países más temibles, siempre dispuestos a buscar el gatillo de su arsenal nuclear si un delegado los ve feo en la ONU. Si la junta de jefes del Estado Mayor le echara un vistazo a ese juego contra Portugal, a lo mejor se relajarían un poco. El foco de la ira de la dictadura será ahora su equipo nacional.

7. Libertad, igualdad, (sin) fraternidad. No funciona. Desde que Zidane cambió la copa del mundo por un cabezazo, la escuadra francesa pasa mayor tiempo haciendo desplantes que jugando futbol. Pobre Laurent Blanc, la que le espera.

La falta de espacio me imposibilita a seguir adelante (por esta semana), por ahora quedémonos con las palabras sabias del brasileño Julio César, que a propósito del Jubulani dijo “la pelota es horrible, parece de las que compras en un supermercado”.

Para El Economista / Arte, ideas y gente el miércoles 23 de junio del 2010

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20 – Mundialistas I

Dos realidades inescapables de la tecnología: si nos perdemos la transmisión en vivo de un juego del mundial de futbol, no hay nada perdido. Ya sea sintonizando una de las repeticiones que se suceden todo el día en los canales de Sky; mediante una grabación en DVR; o a través de internet. El partido estará ahí, fresco y disponible, para ser visto, cuando mejor nos convenga.

Pensándolo bien, borremos aquello de fresco.

Así como es perfectamente posible, sin recurrir a la vetusta videocasetera, el ver el futbol a nuestro tiempo (especialmente esos juegos de las 6.30am); también resulta imposible el no echarnos a perder (o que alguien no nos eche a perder) el resultado, mucho antes.

No se trata sólo del comentario en el pasillo de la oficina: “¿Cómo quedó el partido?”, de la radio en el automóvil, de los marcadores que corren por debajo de los noticieros televisivos y muchos portales de internet. Sumemos los SMS que envía Telcel, sin ser solicitados. O los mensajes generados por la docena de apps para iPhone que cubren y reportan la fiesta mundialista.

Peor aún si vemos el juego de la Selección, y los vecinos gritan gol antes, porque Sky difiere dos segundos sus transmisiones en alta definición.

Pero echemos un vistazo a los programas de análisis, esos que acompañan cualquier gesta mundialista con opiniones expertas, reportajes, humor y mil cápsulas culturales sobre cómo se comen los hot-cakes en Ciudad del Cabo, por ejemplo.

Más es menos

Este genero televisivo deportivo, inventado hace muchos años por José Ramón Fernández, vivió su punto más alto durante el Mundial de Italia 1990 y desde entonces ha prolongado una torturada decadencia, hasta en sus imitaciones, con niveles absurdos.

Hablo de La jugada del mundial, ese show cómico, mágico y musical donde los simpatiquísimos reporteros de Televisa Deportes convocan a estrellas del balompié como Figo o Zidane a repetir lugares comunes del análisis deportivo que bien pudieron haber escuchado en Sportcenter la mañana anterior.

Las leyendas del futbol tienen segundos para decir tres frases sobre un partido, mientras miran a la cámara vagamente avergonzados por necesitar el cheque (el gafete o los viáticos).

La mayoría de las tres larguísimas horas que dura el programa la ocupa una innumerable sucesión de sketches, momentos de pena ajena, ruido y jingles de la canción de Shakira, que poco o nada tienen realmente que ver con el futbol que les sirve como pretexto.

En un típico programa nos recetamos un resumen brevísimo del partido, chistes y albures a propósito de un leopardo vivo que un desvelado entrenador pasea por el foro. Montserrat Olivier viaja hasta Nigeria a una aldea que construye casas con bostas de vaca (de “popó”, dice). El comando tolteca hace un numerito humorístico cateando turistas borrachos. Javier Alarcón entrevista a Hristo Stoichkov, luego al compayito (más tiempo para este último, claro). Facundo nos dice qué desayunó el equipo de producción. Dos minutos de análisis, Diego Luna presenta un corto animado forzadón. Karla Iberia Sánchez un ameno reportaje sobre las peluquerías callejeras sudafricanas.

Siguen tres entrevistas a jugadores mexicanos, una mediante albures en el más puro estilo de Brozo y su invitado Ponchito (prestadas por Primero el mundial y su infame set “africano” que merece mención aparte en los anales de la mala televisión). Pelaez aprieta botones de “alta tecnología”. Brizio califica a un árbitro. La familia peluche añade un episodio a “las manadas de Derbez”. El compayito de nuevo con Zidane (qué pena). Los futbolistas semidormidos comentan las posibilidades de España o Brasil. El leopardo de nuevo. Tony de Valdés y su tupé. Un clip sobre los guapos holandeses antes del partido. Marisol patina en arena. Seguimiento a los “enemigos íntimos” (vaya tontería de concepto). Los diez goles de cabeza mejores de la historia. Un concurso de baile. Un número de magia… Tres horas de payasadas en la más pura plantilla de Hoy, que nunca recuperaremos para actividades de más provecho, como ver lo bonitas que se ven las pantallas LCD apagadas.

A la mitad del camino

TDN estrena canal y programa: Los DTs (también conocido como Los entrenadores).  Sin carisma o presupuesto: este panel de directores técnicos conducidos por el “Ché” Ventura, es inteligente, pero poco ameno (mucho menos dinámico), y termina perdiendo el encanto en las muecas enfurruñadas del “Zurdo” López o las interminables repeticiones de los mismos clips. Es un trabajo en proceso y lo van puliendo, pero como concepto le falta trabajo.

Se antoja que alguien de TDN, o Televisa, o de la televisión nacional, le echara un vistazo a programas como Total Access y Game Day Final en NFL Network. Así se hace televisión deportiva.

Menos es más

Dentro de la fusión que formó TDN, lo mejor es la oportunidad que tiene el periodismo deportivo en su faceta más profesional, para cubrir eventos de este tipo. De ahí la aparición de Futbol en serio, a cargo de Francisco Javier González.

Un panel sobrio en un foro atractivo, que recupera el análisis a fondo y la exploración respetuosa de diferentes puntos de vista. Destaca la participación y la inteligencia de Stoichkov, esa leyenda viva del futbol Búlgaro, con un español más inteligible y preciso que el de Javier Alarcón. Acompaña la lucidez de Luis Fernando Tena y José Luis Sánchez Solá (sin calcetines), y algunos periodistas más. Una sólida hora con pocas pausas comerciales. Rellenada con algunas cápsulas periodísticas, una fallida animación humorística (qué pena, René Castillo por este fusil descarado a Huevo Cartoon) y un par de enlaces relevantes vía satélite.

No todo es miel sobre hojuelas en Futbol en serio: El resumen de los partidos es esquemático. Su equipo de producción suele olvidarse que transmite en alta definición (y el encuadre es mayor que el cuadrado de la tele) y a veces se ponen a hablar por teléfono o dejan las lámparas en un lado del encuadre. El ángulo tecnológico patrocinado por una marca de plumones para pintarrón es deslucidamente llevado por Miguel España. Sus participantes suelen confundir Eslovenia con Eslovaquia, sin que medie corrección; y a veces los visita Jorge Sánchez, un comentarista que hace parecer a Carlos Albert como un tipo relajado y positivo.

Y así son lo mejor que hay en televisión durante este mundial.

Para El Economista / Arte, ideas y gente el 16 de junio del 2010

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19 – Finales de temporada

Justo a tiempo para despejarnos la agenda para el mundial, un puñado de las series favoritas de la televisión terminaron sus temporadas la semana pasada. Sirva como advertencia, en esta entrega de las horas perdidas, recorreremos algunos de esos finales para sintetizar en qué y cómo quedaron. Si el capítulo permanece intocado en tu DVR o esperas que llegue el DVD, no sigas leyendo.

Lost

La última temporada se contó en dos planos: lo que sucede en la isla y una realidad paralela donde el vuelo Oceanic nunca se estrelló. En la isla, el enfrentamiento final entre el hombre de negro con cara de Locke y nuestros héroes, terminó con muchos muertos. Jack se convierte en el heredero de Jacob y junto con Locke se valen de Desmond para desactivar el centro de la isla. Ambos pierden sus poderes y mientras la isla se derrumba y hunde en el mar. Kate mata a Locke, pero no antes de que este apuñale a Jack. Sawyer, Kate, Claire, Miles y Richard Alpert y Lapidus huyen en el avión parchado que quedaba en la isla Hydra. Hugo se queda como el nuevo guardián y Ben como su asistente.

En un guiño final a sus fans más alucinados, los productores convierten la “vida paralela” en una suerte de limbo o purgatorio donde todos los personajes, mucho después de morir, han repetido sus vidas sin cometer los errores que tanto los atormentaban. El secreto de este limbo, además de mantenernos adivinando toda la temporada, es la catártica reunión con amigos muertos tiempo atrás (en las primeras temporadas). Una vez todos han recuperado la memoria en escenas conmovedoras, podrán seguir adelante. La serie termina mientras Jack agoniza en la isla, acompañado por el inefable perro de Walt, en medio del campo de bambú donde despertó el primer día. El ojo de Jack que abriéndose dio inicio a una de las mejores y más originales series de la historia de la televisión se cierra, y el resto de la programación palidece en comparación.

Esposas desesperadas

Esta comedia siempre ha tenido ingredientes de farsa facilona combinados con un aura perversa y buen sentido del humor. Después de que hace un par de temporadas, Marc Cherry se saltó siete años y reescribió el mapa de la cuadra, todo parecía más interesante. Este fue un final para bostezar: Lynette da a luz, ayudada por el asesino de mujeres del barrio, que se arrepiente y entrega a la policía. Gaby se cuela en casa de Angela para salvarla del ex-novio terrorista, quien termina volándose a sí mismo. Bree pierde a Orson y decide revelar la verdad sobre la muerte de la madre de Carlos, mientras se deshace del patán de su hijastro chantajista. Susan y Mike, sin un dólar, ponen en renta su casa y se mudan a un multifamiliar junto a la interestatal. Su nuevo inquilino es un viejo conocido de Wisteria Lane.

The Big Bang Theory

¿Sheldon conoce a su media naranja? Así parece cuando Raj y Wolowitz lo inscriben en un sitio web para encontrar pareja La relación de Penny y Leonard puede tener todavía fuego bajo las cenizas. Especialmente si son regadas con alcohol. La vecina de abajo es graciosa. Un final de mero trámite.

The good wife

Bueno, esta serie aún no termina, pero como si lo hubiera hecho. Universal ha decidido sepultar el interés de los espectadores recetándonos cinco capítulos repetidos por cada nuevo que transmite. A este ritmo, el final caerá hasta finales de julio…¿habrá alguien esperando pacientemente?

American Idol

Al parecer las niñas adolescentes y amas de casa desesperadas que votan en American idol consideraron que Lee Dewyze es el nuevo ídolo que todos estábamos esperando. La despedida de Simon tiene más interés que la competencia donde la inigualable Crystal termina en segundo sitio, aún después de barrer con sus compañeros toda la temporada. Malos gags, errores de producción y numeritos sosos y de más (Janet Jackson?). Sin duda ilustración de una buena idea que ahora está en franca decadencia.

El mentalista

Nada crea más tensión en esta serie que la aparición de caritas sonrientes pintadas en la escena del crimen. Red John está de vuelta, y un imitador también. Nada mejor que un romance forzado de último minuto para mostrarnos que Patrick Jane es vulnerable de nuevo. El carisma de Simon Baker sigue sosteniendo la premisa de esta serie. Funcionaría mucho mejor si se tomaran su tiempo para construir subtramas (aprendan de ER).

Muchas series más terminaron temporadas: Fringe, Accidentally on Purpose, Castle, V, Lie to me, Vampire Diaries, Two and a half men. Otras se despidieron para siempre: FlashForward y 24. Y otras más aparecen en los huecos: AXN reestrena Breaking Bad desde la temporada uno. Aunque si somos honestos, a partir del viernes, las horas perdidas de televisión estarán consagradas al futbol.

18 – Apostar por México

En días de futbol todo se vale. Entre patrocinadores “oficiales” de la selección, el Mundial o la FIFA, se barajan comerciales con tribunas pintadas de rojo como convención del PRI, que pretenden referirse a los colores nacionales, pero en realidad recuerdan la marca del refresco que promocionan, mientras familias beben de botellas de vidrio (el horror!) en los estadios.

Estrellas del canal ídem y otras celebridades combinan discursos llenos de buenos sentimientos que hacen referencia al bicentenario y la oportunidad de que México ahora sí sea grande, y el futuro promisorio sea presente feliz para todos.

Años luz entre el promocional de Javier Aguirre para Televisa y su entrevista en España donde “México está jodido”. Podemos ser justos con el entrenador de la selección y aclarar que en su entrevista hablaba de las catástrofes e inundaciones provocadas por las lluvias, o quizá de la violencia del narco y la mal llamada “crisis de inseguridad”. Aunque en el fondo quizá se refería a su propia esfera de competencia y pronosticaba el posible devenir de la próxima competencia mundialista.

En el colmo de la ironía, varias tiendas de electrodomésticos, llaman a la gente a “apostar por México” y comprar una pantalla plana de varias pero muchas pulgadas, con la garantía de que si México gana el mundial la tele será cortesía de la casa. La voz del locutor/cuate súper-enterado explicándole al ingenuo amigo/cliente que tenemos la mejor selección de los últimos tiempos es la nota más jocosa del comercial.

Hace un mes, Sams ofrecía televisores gratis si México llegaba a semifinal. Viana prefiere curarse de espanto y ir por la final (y la victoria en esta). La disyuntiva parece fácil: Eres patriota y crees en México: debes comprar la tele y Dios Pelé te recompensará con no tener que endrogarte en la tarjeta de crédito. Si no crees en México, no compres la tele, al fin que seguro que ni te interesa el futbol o ver a los  muchachos coronarse.

Al conteo regresivo de partidos amistosos al son del pegajoso tema de Shakira acompañada por el equipo de Televisa Deportes, más adecuado para el gag humorístico que para el análisis serio, siguieron tres encuentros amistosos donde en uno, dos, y tres quedó claro el nivel real de nuestro futbol (lástima para aquellos que acaban de comprar su pantalla esperando el milagrito).

Los ingleses nos repasaron mientras hacían la pausa para tomar el té, los holandeses se mojaron de lluvia y dejaron a la alineación de prueba viendo visiones, y los de Gambia, bueno, más valía un interescuadras con betún de zapatos haciéndola de bloqueador solar. Prepararse para Sudáfrica con Gambia es como jugar con Venezuela para anticipar a Argentina sólo porque forman parte del mismo continente.

Además del discurso de Televisa, optimista, criticón pero siempre “con buena voluntad” hay una puñado de paneles de expertos amargados que desaprueban todo el proceso deportivo con la exasperación del que ya ha visto demasiadas veces fracasar las ilusiones nacionales.

Valdría la pena echar un vistazo a Fueras de serie de Malcom Gladwell para empaparse de los factores que construyen (o destruyen) el éxito. La segunda parte del libro y su reflexión sobre la “herencia cultural”, para elaborar alguna hipótesis sobre la capacidad nacional para invertir el optimismo en once jugadores rifándose la Historia en una cancha de Ciudad del Cabo.

Por ahora: apostemos por México. Ya sea como hacen los comerciantes que apuestan en realidad por su fracaso, o poniéndonos la verde, conscientes de que esta competencia no tiene nada que ver con la supuesta gloria del bicentenario, ni con la esperanza del país, o la felicidad de compartir Coca–Cola mientras jugamos una cascarita en algún callejón lleno de sudor, alegría y buena vibra.

Que la selección haga un buen papel, pues siempre será mejor empaparse del discurso delirante del comentarista deportivo elevado a cronista social, que recetarse los encabezados de violencia, y políticos secuestrados. Que entrevisten mil veces a los agitados futbolistas después de la victoria histórica, y menos a los diputados justificando una vez más porque no pueden poner a su país antes que a su partido. Que repitan el gol de gloria hasta en la sopa, pero no volvamos a ver la triste cara de Paulette y el equipo CSI del tercer mundo que visitó doscientas veces su recámara antes de mirar bajo la cama. Apostemos por la selección, que aunque sea circo, siempre es mejor que un ratito de realidad.

Para El Economista / Arte, ideas y gente el miércoles 3 de junio del 2010

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El Final de Lost

El martes por la noche, AXN transmitió el último capítulo de la serie de culto Lost, de la que hablé ayer, extensivamente en mi columna Las horas perdidas.

Antes de hablar del final, unas palabras sobre la incomparable ineptitud del programador de AXN. Durante los cinco primeros años de la serie, Lost se transmitió los lunes en dos entregas. De nueve a diez de la noche se repetía el episodio de la semana anterior, un gesto cortés sin duda. De diez a once se transmitía el episodio de estreno.

Al empezar la última temporada, AXN decidió cambiarlo a martes. Aún así se había mantenido fiel a la regla, incluyendo ocasionales “maratones” de fin de semana para ponerse al tanto si se había perdido uno algunos episodios.

El martes pasado, después de transmitir el episodio número 15 de la temporada. AXN anunció un último maratón para el domingo y el capítulo final el martes, en una transmisión que empezaría a las 8 de la noche y hasta la medianoche.

No tenía necesidad de ponerme al tanto con el maratón, así que dispuse el Sky+, como cada semana para que grabara con su DVR las cuatro horas programadas.

Ayer por la noche, cuando me senté dispuesto a ver el final, descubrí que las dos primeras horas, eran un esperable “especial” donde los actores y productores de la serie comentaban su experiencia, personajes y resumían hasta dónde iban. Adelanté las dos horas y dí inicio a lo que yo suponía eran los capítulos 16 y 17.

Sorpresa. La transmisión arrancó en el capítulo 17. Al parecer, al genio que programa AXN se le ocurrió incluir el fundamental 16 (titulado ¿Por qué tenían que morir?) en su maratón dominguero, eso supongo porque nunca lo transmitió en horario regular.

Sin desesperar, y no sólo porque tenía que escribir esta pequeña crónica, recurrí al internet, donde ABC tiene los capítulos completos, gratis. Pero sólo funciona si vives en EU, y su página verifica el ISP de tu navegador, para evitar que lo veas si no apoyas la ley Arizona o algo así.

Eso es solucionable, pero más rápido es recurrir a los llamados torrent. Descargas compartidas por usuarios anónimos que suben los programas que graban, para que otras almas en desesperación puedan verlos (suena altruista, también es reducto de la más feroz piratería online). Me descargué Lost #16, con todo y subtítulos importados, y lo vi. Estupendo.

Una vez más, me senté a recetarme el #17 (apropiadamente titulado El fin).

Para todos los que esperaban la explicación final de todas las dudas que había ido dejando la serie a lo largo de sus seis años, el capítulo final debe haber sido una suerte de decepción. Creo que ellos deberán esperar el material adicional en la edición en DVD para tomar notas y saber donde cursó la secundaria Walt, o alguna tontería así.

Si, por otro lado, el propósito de ver un capítulo final así, es constatar si los creadores fueron capaces de atar todos los cabos narrativos, encontrar el punto neurálgico donde las líneas dramáticas de los últimos años, coinciden en un reducto imprevisible, y toda la inversión emocional (o intelectual) que pudimos haber hecho en esta docena extendida de personajes a lo largo de los años, encuentra la catarsis necesaria para que haya valido la pena dedicar religiosamente cada lunes o cada martes a nuestra dosis. Si ese fue nuestro propósito al sentarnos frente a la TV: el final fue PERFECTO. Interesante, ingenioso. Conmovedor.

Por lo demás, un último gesto poco amable, como el que receta el automovilista neurótico a quien se le atraviesa, también para ese anónimo e insufrible programador de AXN, que rellenó las pausas tantos de anuncios promocionales de sus nuevas series, que consiguió que el episodio #17 no cupiera en las dos horas de grabación que le destinaba la guía de Sky.

Por suerte existe internet. Lo demás es anecdótico.

Para El Economista / Arte, ideas y gente el jueves 27 de mayo del 2010

(la nota más leída del día en todo el periódico)

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17 – ¿Estás perdido?

Anoche, más tarde de lo que es posible incluir en esta columna, terminó Lost. Después de seis temporadas, los náufragos de una isla que bien puede incluirnos a todos nosotros, han encontrado una respuesta (esperamos).

La serie más extraordinariamente delirante de la historia de la televisión ha llegado a su fin, sin que en ningún momento a sus creadores les importara un pepino si llegaste tarde. La mayor incógnita sigue siendo cómo fue posible su existencia.

El mercado televisivo estadounidense con su competencia feroz por ratings, plazos agresivos para obtener resultados publicitarios, cambios caprichosos de horarios, de guionistas, de focus groups para monitorear cómo va la cosa por rangos de edad y si sigue gustando; era el sitio menos propicio para que dos productores fuera de control (Jeffrey Lieber y Damon Lindelof) hicieran de las suyas durante seis años.

Seamos honestos, después del capítulo cinco es imposible entrarle a Lost. Un misterio dentro de un misterio, lleno de tantas incógnitas, variantes temporales, miradas al pasado, miradas al futuro, saltos al pasado y al futuro, y en esta última temporada: una realidad paralela. El equipo de 23 guionistas nunca tuvo problema para repasar todas las variantes que la física cuántica aporta a la ciencia ficción.

La premisa parece simple. Un avión, Oceanic 815, vuelo trasatlántico entre Australia y Los Ángeles, cae en un lugar indeterminado del Océano Pacífico. Hay sobrevivientes, varados en una isla donde suceden cosas bastante extrañas: osos polares, susurros en la selva, fantasmas, un peregrino inmortal, instalaciones de una ¿secta? que realiza experimentos vanguardistas en sociología, psicología y física. ¿Qué más puede pasar? Otra religión, sanación (¿milagros?), otros habitantes obsesionados con mujeres embarazadas y sus bebés. Un campo de juego para dos (¿dioses?) en un juego eterno de muerte y venganza. En una palabra: adictivo.

La primera temporada nos invita a conocer a los náufragos (Jack, John, Kate, Sawyer, Sun, Yin Hurley, Sayid, y un largo etcétera). Cada capítulo avanza la historia presente en la isla misteriosa, mientras nos permite reconstruir el pasado de cada uno de ellos. Por lo menos lo suficiente para apreciar que hay coincidencias en las vidas de todos. Hay algo más que el destino, involucrado en que estén ahí, en que hayan sobrevivido. Nos enamoramos de Hurley. En principio nada es aparente. Cada búsqueda de respuestas nos lleva a docenas de preguntas más. Los espectadores impacientes se olvidan del asunto muy pronto. Para los demás, bueno, basta decir que nuestras actividades de la semana eran pretextos para matar el tiempo hasta el próximo capítulo de Lost.

La segunda temporada, pone a nuestros amigos frente a Los Otros. Analogía de la vida moderna o uso afortunado de la otredad. Aparecen nuevos sobrevivientes: la isla de pronto, se puebla de amenaza, casi. Algunos mueren, otros reinventan sus vidas. Nos enamoramos de Sun. Hay alguien muy malo, Ben Linus (Michael Emerson, fantástico) detrás del bando opuesto, y todos corren peligro de alguna catástrofe cósmica. Los tornillos aflojan. Los ratings bajan.

Para el tercer año, ya no necesitamos saber de dónde vienen nuestros amigos. Sus historias han alcanzado el punto donde toman el vuelo fatídico. El problema ahora, es a dónde van. Un futuro fuera de la isla, donde algo, inexplicable, ha salido horriblemente mal. Nos enamoramos de Locke. Más han muerto, los misterios crecieron. Los fervientes seguidores hacen apuestas, sitios web dedicados a elucubrar (lostpedia.wikia.com por ejemplo), elaborando hipótesis alimentadas por los secretos detrás de una costosa producción en Hawai (¿es el purgatorio? ¿Están todos muertos?). Nada se filtra, excepto la promesa de explicarlo todo en un final que se anuncia desde ahora como un pacto: tres años más.

La cuarta temporada es breve (la huelga de escritores) pero increíblemente intensa. La aparición de una tercera tribu (Los hostiles) y la posibilidad de un rescate se alternan con situaciones extremas. Nuevas facetas en los personajes favoritos. Nos enamoramos de Juliet. La posibilidad de escapar se alterna con un futuro donde algunos intentan volver para recobrar el sentido de sus vidas. ¿Qué pasó? la angustia se cuela en cada final de capítulo con letras flotantes. Al final sólo sabemos que hay dos bandos, los que quieren quedarse y siguen al ex-lisiado cazador John Locke (Terry O’Quinn) y los que quieren partir y siguen al cínico doctor Shepard (Matthew Fox). La isla tiene su propia agenda (¿una variante mística?) ¿Quien demonios es Jacob?.

La quinta temporada es simplemente brillante. Lo más original, atrevido, incomprensiblemente ambicioso: La realidad ha desaparecido. Nuestros héroes saltan aleatoriamente en el tiempo. Nos enamoramos de Sawyer. Algunos huyeron, pero deben regresar (o de hecho han vuelto pero no lo saben). Otros se han quedado, atrapados años atrás. Difícil de seguir más que con asombro: y una pregunta ¿cómo se atreven? ¿No hay alguien en el estudio que les ponga un alto? Qué bueno!

Como el presente alcanzó al futuro y viceversa (es fácil confundirse). La sexta y última temporada no puede sino crear una realidad paralela. Un mundo donde el avión nunca cayó. La isla no existe (¿ajá?) y nuestros héroes, lejos de su influjo malvado, han hecho vidas menos trágicas. En la línea narrativa principal, nuevamente hay dos tribus. Los liderados por algo que dice que se llama Locke (y que sabemos que no es Locke), y los elegidos (que no saben que lo son y qué significa serlo). Nos enamoramos de Desmond. Todos recorriendo la isla buscándose entre sí. La situación es extrema. Y cada capítulo tiene sembradas respuestas, muchas respuestas, a las preguntas más nimias del pasado.

Muchos críticos han vapuleado la última temporada por no aclarar el paisaje. Esperaban una especie de versión didáctica de la serie, donde algún personaje entendiera todo y lo explicara como al final de una novela policiaca, flashbacks y presentaciones de powerpoint incluidas: Nunca iba a suceder.

Las respuestas vienen como parte de la historia (como en la vida), de pronto sabemos quién es Jacob, por qué hay osos polares, qué es el humo negro, de dónde salió Richard (el extraordinario Néstor Carbonell), y un largo etcétera. Tendremos un segundo para pescarlo, o quedarnos con la duda. Nunca fue más inoportuno el teléfono (o bajar la mirada al sándwich).

Otros reseñistas se quejan diciendo que la serie perdió su interés, que la realidad paralela es una tomada de pelo, que los actores sobreactúan, que Lindelof y Lieber fueron demasiado lejos, que ya a nadie le importa y sentiremos alivio en cuanto los últimos minutos del capítulo final sean transmitidos. Siempre hay gente muy equivocada (y envidiosa del éxito ajeno) en este mundo.

Lost ha establecido un hito creativo en la televisión moderna. Coincido plenamente con Stephen King en decir que nunca ha habido nada como Lost. Los fracasos de la televisión por reproducir el fenómeno en los últimos años, hacen pensar que tampoco lo habrá. Hay genialidades que sólo pueden suceder cuando se ponen en una coctelera: dos productores sin miedo, un estudio permisivo, un elenco extraordinario, mucho talento y una isla misteriosa.

Para nuestra fortuna siempre será posible seguir perdidos en la isla: gracias al DVD y al BluRay.

Para El Economista / Arte, ideas y gente el miércoles 26 de mayo del 2010

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etc.